.

Ora todos los días muchas veces: "Jesús, María, os amo, salvad las almas".

El Corazón de Jesús se encuentra hoy Locamente Enamorado de vosotros en el Sagrario. ¡Y quiero correspondencia! (Anda, Vayamos prontamente al Sagrario que nos está llamando el mismo Dios).

ESTEMOS SIEMPRE A FAVOR DE NUESTRO PAPA FRANCISCO, ÉL PERTENECE A LA IGLESIA DE CRISTO, LO GUÍA EL ESPÍRITU SANTO.

Oración por los cristianos perseguidos

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 23 de agosto de 2017

SALVEMOS ALMAS. MENSAJE DE AMOR QUE LE COMUNICO EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. LEELO Y COMPARTELO.



Mensaje de amor que el Sagrado Corazón de Jesús lanza al mundo para salvarlo. 

Mientras el mundo se atomiza y desintegra por el odio de los hombres y de los pueblos, Jesucristo quiere renovarlo y salvarlo por el amor.

Quiere que se eleven hacia el cielo llamas de amor que neutralicen las llamas del odio y del egoísmo.
A tal efecto, enseñó a Sor M. Consolata Bertrone un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.

La fórmula de este Acto es: "Jesús, María, Os Amo, Salvad las Almas" 

Allí están los tres amores: Jesús, María, las almas que tanto ama Nuestro Señor y no quiere que se pierdan, habiendo por ellas derramado Su Sangre.

Le decía Jesús: "Piensa en Mí y en las almas. En Mí, para amarme; en las almas para salvarlas (22 de agosto de 1934). Añadía: la renovación de este Acto debe ser frecuente, incesante: Día por día, hora por hora, minuto por minuto"(21 de mayo de 1936).

"Consolata, di a las almas que prefiero un Acto de amor a cualquier otro don que pueda ofrecerme"... " Tengo sed de amor"... (16 de diciembre de 1935).
Este Acto señala el camino del cielo. Con él cumplimos con el mandamiento principal de la Ley: Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente"... y a tu prójimo como a ti mismo.

Con este continuo Acto de Amor damos a Dios lo más excelente: que es amor a las almas. Con esta Jaculatoria nos podemos comunicar constantemente con Dios. Cada hora, cada minuto, es decir, siempre que lo queremos. Y lo podemos hacer sin esfuerzo, con facilidad. Es una oración perfecta; muy fácil para un sabio como para un ignorante. Tan fácil para un niño como para un anciano; cualquiera que sea puede elevarse a Dios mediante esta forma. Hasta un moribundo puede pronunciarla más con el corazón que con los labios.

Esta oración comprende todo:

Las almas del Purgatorio, las de la Iglesia militante, las almas inocentes, los pecadores, los moribundos, los paganos, todas las almas. Con ella podemos pedir la conversión de los pecadores, la unión de las Iglesias, por la santificación de los sacerdotes, por las vocaciones del estado sacerdotal y religioso. En un acto subido de amor a Dios y a la Santísima Virgen María y puede decidir la salvación de un moribundo, reparar por mil blasfemias, como ha dicho Jesús a Sor Consolata, etc., etc.

"¿Quieres hacer penitencia? ¡Ámame!", dijo Nuestro Señor a Sor Consolata. A propósito, recordemos las palabras de Jesucristo al Fariseo Simón sobre Magdalena penitente: "Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho".

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas" pronunciado al levantarse, nos hará sonreír durante el día; nos ayudará a cumplir mejor nuestros deberes, en la oficina, en el campo, en la calle, etc. Se pronuncia con facilidad, sin distraerse y con agrado.

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas", santifica los sudores, suaviza las penas. Convierte la tristeza en alegría. Sostiene y consuela luchas de la vida. Ayuda en las tentaciones. Hace agradable el trabajo. Convierte en alegría el llanto. Fortalece y consuela en las enfermedades. Y trae las bendiciones sobre los trabajos y sobre las familias.

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas". Ayudará a calmar tu indignación, a convertir tu ira en mansedumbre. Sabrás mostrarte benévolo al que te ofende. Volver el bien por el mal. Conduce a efectos nobles; palabras verdaderas, obras grandes y sacrificios heroicos, iluminará tu entendimiento con luces sobrenaturales; estimulará el bien, retraerá el mal. Obtendrá el arrepentimiento al pecador; en el justo avivará la fe y le hará suspirar por la felicidad eterna.

Dios merece ser amado por ser nuestro Sumo Bien. Esta Jaculatoria es un dulce cántico para Jesús y María.

¡Cuán dulce es repetirlo frecuentemente! ¡Cuán agradable es avivar el fuego de amor a Dios!

Y habiéndolo pronunciado millares de veces durante tu vida, ¡cuán alegre será tu hora de la muerte, y qué gozosa volará tu alma al abrazo de Jesús y María en el cielo!

Dijo Jesús a Sor Consolata:

"Recuerda que un Acto de amor decide la salvación eterna de un alma y, vale como reparación de mil blasfemias. Sólo en el cielo conocerás su valor y fecundidad para salvar almas". 

"No pierdas tiempo, todo Acto de amor es un alma". Cuando tengas tiempo libre y no tengas otra cosa que hacer, toma tu corona del Rosario en tus manos y a cada cuenta repite: "Jesús, María, os amo, salvad las almas"... En cuatro o cinco minutos habrás hecho pasar por tus dedos todas las cuentas y habrás salvado 55 almas de pecadores, habrás reparado por 55.000 blasfemias.

Y si esto lo repites varias veces o muchas veces al día podrás salvar centenares y miles y hasta millones de almas... Y esto sin ser misionero entre los paganos, ni predicador...

¡Cuánto consuelo en la hora de la muerte y cuánta gloria tendrás en el cielo!

Dice San Agustín: "Quién salva un alma, asegura su propia salvación", y quién salva centenares y millares y hasta millones de almas, con un medio tan fácil y tan sencillo, sin salir de su casa, ¿que premio no tendrá en el cielo?

Nuestro Señor le pedía a Sor Consolata que repitiera frecuentemente ese acto de amor hasta ser incesante, es decir, continuamente, porque continuamente van muchas almas al infierno porque no hay quién las salve...Repitamos todo lo que podamos esta Acto de amor: "JESUS, MARIA, OS AMO SALVAD LAS ALMAS", para que sean muchas las almas que arranquemos al infierno para hacerlas felices eternamente en el cielo. Las almas que salvamos con este Acto de Amor, será un día nuestra corona de gloria en el cielo.

Cuando uno está ocupado con trabajos manuales, se puede repetir este Acto de Amor con la mente y tiene su mismo valor como lo dijo un día Nuestro Señor Jesucristo a Sor Consolata.

Ha habido almas que han salvado varios millones de almas, con este medio tan sencillo...

Y nosotros por qué no podríamos hacer lo mismo en lugar de perder un tiempo tan precioso en charlas inútiles; repitamos frecuentemente este Acto de Amor, y así acumularemos tesoros preciosísimos para el Cielo.

"JESUS, MARIA, OS AMO, SALVAD LAS ALMAS":

-por la Iglesia y por el Papa
-por la santificación de los sacerdotes
-por las almas del Purgatorio
-por los agonizantes
-por los que se confiesan sacrílegamente
-por los que no asisten a misa los domingos
-por los misioneros
-por los enfermos
-por la conversión de los pecadores
-por la mayor santificación de los justos

En las dudas, en las tentaciones.
En las dificultades de la vida, Por algún intención en particular.
Podemos enseñarlo también a nuestros amigos y parientes que lo recen, que lo propaguen. Gran alivio sentirá el moribundo si se le sugiere al morir.
Al levantarnos sea nuestro pensamiento. Al acostarnos nuestra última oración.

Los que se salvaron están en el cielo por haber amado a Dios. Los grados de gloria en el cielo se miden por la intensidad del amor que las almas practicaron en la vida.

Sólo entonces nos daremos cuenta de lo que vale un Acto de Amor y de su fecundidad en salvar almas.

Sor Consolata le pidió un día a Jesús:
 "Jesús enséñame a orar". Y he aquí la Divina respuesta: " ¿No sabes orar?" ¿Hay acaso oración más hermosa y que sea más grata que el Acto de Amor?

DÉJATE LO QUE ESTÉS HACIENDO Y ORA POR LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO.

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MIENTRAS ESTAMOS LA MAYORÍA EN NUESTRAS CASAS CÓMODOS Y SIN PROBLEMAS, NUESTRAS HERMANAS LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO SUFREN LO INDECIBLE. OREMOS POR ELLAS HERMANOS.

Y HAGÁMOSLO ASÍ:


Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio.

Padrenuestro, AveMaría y Gloria.

Repetir siete veces lo anterior.

Para finalizar oremos El Credo.

CLICKEA: http://lasbenditasalmasdelpurgatorio.blogspot.com.es/

Consagración al Inmaculado Corazón de María



"Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía, yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón y te consagro
mi cuerpo y mi alma, mis pensamientos y mis acciones.

Quiero ser como Tú quieres que sea, hacer lo que Tú quieres que haga.
No temo, pues siempre estás conmigo. Ayúdame a amar a Tu hijo Jesús, con todo mi corazón y sobre
todas las cosas. 
Pon mi mano en la tuya para que este siempre contigo."

Otra Consagración al Inmaculado Corazón de María

Oh Señora mía, Oh Madre mía! Yo me entrego del todo a Vos; y en prueba de mi filial afecto, os
consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que
soy todo vuestro Oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como hijo y posesión vuestra. Amén


FAMILIAS QUE DESEEN CONSAGRARSE AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA.



MADRE MÍA AMABILÍSIMA, YO (…) INGRATO PECADOR, DESEANDO VIVAMENTE SER VUESTRO ESCLAVO DE AMOR EN EL TIEMPO Y EN LA ETERNIDAD, ME POSTRO A VUESTROS PIES PARA RENOVAR Y RATIFICAR EN VUESTRA PRESENCIA LAS PROMESAS DE MI BAUTISMO.

RENUNCIO, PUES, SIEMPRE A SATANÁS, A SUS POMPAS Y A SUS OBRAS Y ME ENTREGO ETERNAMENTE A JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR, PARA LLEVAR MI CRUZ TRAS ÉL TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA. Y A FIN DE QUE LE SEA MÁS FIEL DE LO QUE HE SIDO HASTA AHORA, OS ELIJO HOY A VOS, OH MARÍA, POR MADRE Y SEÑORA MÍA MUY AMADA.

EN CALIDAD DE ESCLAVO VOLUNTARIO, SIN RESERVAS, NI CONDICIONES DE NINGÚN GÉNERO:

OS ENTREGO: MI CUERPO CON TODOS SUS SENTIDOS, MI ALMA CON TODAS SUS POTENCIAS, MIS PENSAMIENTOS, MIS AFECTOS, PALABRAS Y OBRAS; LOS BIENES EXTERIORES QUE POSEO O PUEDA POSEER EN ADELANTE, MIS ORACIONES, SACRIFICIOS, TRABAJOS, SUDORES, LÁGRIMAS, PENAS Y ALEGRÍAS.

OS ENTREGO: LA GRACIA SANTIFICANTE QUE CREO POSEER PARA QUE VOS ME LA CONSERVÉIS Y GUARDÉIS DE TODO PELIGRO.
OS ENTREGO: TODOS MIS MÉRITOS IMPETRATORIOS Y SATISFACTORIOS PARA QUE DISPONGÁIS DE ELLOS COMO OS PLAZCA Y A FAVOR DE QUIEN BIEN OS PARECIERE.

OS ENTREGO: MADRE MÍA DULCÍSIMA, MIS PECADOS PARA QUE VOS LOS DESTRUYÁIS DE TAL MODO QUE YA NO QUEDE RASTRO NI SOMBRA DE ELLOS EN MI ALMA.

OS ENTREGO: MIS PASIONES PARA QUE VOS LAS CONVIRTÁIS EN GENEROSOS IMPULSOS QUE ME AYUDEN A SERVIR A DIOS CON INQUEBRANTABLE VOLUNTAD Y SANTA ALEGRÍA.

OS ENTREGO: MI VIDA Y MI MUERTE, EN CUANTO ME ES POSIBLE; HASTA MI PURGATORIO Y MI ETERNIDAD, TODA LA CUAL, POR VUESTRA PODEROSA INTERCESIÓN Y POR LA MISERICORDIA INFINITA DE JESÚS, ESPERO PASAR EN EL REINO DE DIOS.

DE HOY EN ADELANTE Y DURANTE TODA MI VIDA QUIERO, MADRE Y SEÑORA MÍA, VIVIR CON VOS EN ESTRECHÍSIMA INTIMIDAD COMO HIJO Y COMO ESCLAVO VOLUNTARIO QUIERO PENSAR, AMAR, HABLAR Y OBRAR EN VOS, CON VOS Y PARA VOS; QUIERO EN CIERTO MODO Y ESPIRITUALMENTE, FORMAR CON VOS UN SOLO SER; QUIERO COBIJARME, ESCONDERME Y PERDERME EN VUESTRO INMACULADO CORAZÓN COMO EN UN MOLDE DIVINO PARA SE ALLÍ FORMADO A IMAGEN Y SEMEJANZA DE JESÚS Y GLORIFICAR DESDE ESE ESPLENDOROSO TRONO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD, QUE ASÍ ME MIRARÁ CON COMPLACENCIA Y ACEPTARÁ MIS OBSEQUIOS CON AGRADO.

VIRGEN MARÍA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA, ME CONSAGRO A VUESTRO INMACULADO CORAZÓN PARA AMAR, REPARAR Y ADORAR ETERNAMENTE A VUESTRO AMADÍSIMO HIJO, NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REALMENTE PRESENTE Y VIVO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, Y CONSOLARLO EN NUESTROS HERMANOS MÁS PEQUEÑOS; LOS NIÑOS MÁS POBRES Y NECESITADOS DE ESTA TIERRA.

DESEO VIVAMENTE, MADRE MÍA, Y FORMO LA INTENCIÓN DE VIVIR RENOVANDO ESTA CONSAGRACIÓN A CADA LATIDO DE MI CORAZÓN, PUES NADA DESEO TANTO EN ESTE MUNDO COMO VIVIR CON VOS, PARA QUE ASÍ SE REALICEN CON MAYOR SEGURIDAD SOBRE MÍ LOS MISERICORDIOSOS DESIGNIOS DE DIOS.
EN PRESENCIA DEL CIELO Y DE LA TIERRA QUEDO, PUES, MADRE Y SEÑORA MÍA, CONSTITUIDO VUESTRO ETERNO ESCLAVO DE AMOR EN TODO CONFORME A LA VOLUNTAD DE DIOS, EN EL TIEMPO Y EN LA ETERNIDAD. AMÉN.

NUEVO TESTAMENTO


2da. a los Corintios
Capítulo 07
7:1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
7:2 Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado.
7:3 No lo digo para condenaros; pues ya he dicho antes que estáis en nuestro corazón, para morir y para vivir juntamente.
7:4 Mucha franqueza tengo con vosotros; mucho me glorío con respecto de vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores.
7:6 Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito;
7:7 y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aun más.
7:8 Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó.
7:9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.
7:10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
7:11 Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.
7:12 Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.
7:13 Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros.
7:14 Pues si de algo me he gloriado con él respecto de vosotros, no he sido avergonzado, sino que así como en todo os hemos hablado con verdad, también nuestro gloriarnos con Tito resultó verdad.
7:15 Y su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor.
7:16 Me gozo de que en todo tengo confianza en vosotros.

LITURGIA DEL JUEVES 24 AGOSTO

Lecturas San Bartolomé, apóstol

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis (21,9b-14):

El ángel me habló así: «Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero.» 
Me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 144,10-11.12-13ab.17-18

R/.
 Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, 
que te bendigan tus fieles; 
que proclamen la gloria de tu reinado, 
que hablen de tus hazañas. R/. 

Explicando tus hazañas a los hombres, 
la gloria y la majestad de tu reinado. 
Tu reinado es un reinado perpetuo, 
tu gobierno va de edad en edad. R/. 

El Señor es justo en todos sus caminos, 
es bondadoso en todas sus acciones; 
cerca está el Señor de los que lo invocan, 
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Evangelio de mañana

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,45-51):

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» 
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» 
Felipe le contestó: «Ven y verás.» 
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» 
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» 
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» 
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» 
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

El Triunfo de la Inmaculada

hispanidad.com  en El triunfo de la Inmaculada

triunfo-inmaculada
Mundo Nuevo en Tierra Nueva. Pero nada de rarezas: tenéis que dar el do de pecho allá donde estéis
Jesús (10-XII-2011):
No es en complicadas misiones donde daréis el do de pecho. Será en vuestro difícil día a día sencillo. Allá donde estéis y donde Yo os haya puesto.
Cada uno en vuestra vida normal, allá donde habéis sido llamados. Es vida sencilla y, en la mayoría de los casos, oculta.
No me interesan los grandes e influyentes. Porque este Ejército no es de los poderosos. Alguno que se crea influyente, y se sienta llamado, hágase sencillo. Manso y humilde de corazón. A modo de mi Madre. Aseméjese a Ella.
Mundo Nuevo en Tierra Nueva. Quisiera que ganarais almas para Cristo. Que rescatarais a vuestros hermanos.

OREMOS HOY: A NUESTRA MADRE DEL CIELO


TEXTO COMPLETO: Catequesis del Papa Francisco sobre la alegría de la vida cristiana


El Papa Francisco durante la Audiencia General. Foto: Foto: Alessi di Cintio / ACI Prensa

VATICANO, 23 Ago. 17 / 07:00 am (ACI).- Durante la Audiencia General de este miércoles en el Vaticano, el Papa Francisco animó a los cristianos a no dejarse llevar por la nostalgia y el pesimismo, y a mirar la vida con optimismo y esperanza en el futuro.

El Santo Padre, que subrayó la promesa de la Jerusalén Celeste realizada por Jesús, pidió a los fieles congregados en el Aula Pablo VI que se pregunten si son cristianos de primavera que contemplan los brotes del nuevo mundo, o cristianos de otoño que andan por la vida con la mirada baja. “Que cada uno se responda. ¿Soy un cristiano de primavera que espera las flores, los frutos, el sol, que es Jesús, o de otoño, que es andar con la mirada baja, con el rostro amarillento?”.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos escuchado la Palabra de Dios en el libro del Apocalipsis, y dice así: «Yo hago nuevas todas las cosas» (21,5). La esperanza cristiana se basa en la fe en Dios que siempre crea novedad en la vida del hombre, crea novedad en la historia y crea novedad en el cosmos. Nuestro Dios es el Dios que crea novedad, porque es el Dios de las sorpresas. Novedad y sorpresas.

No es cristiano caminar con la mirada dirigida hacia abajo –como hacen los cerdos: siempre van así– sin levantar los ojos al horizonte. Como si todo nuestro camino se terminara aquí, en la palma de pocos metros de viaje; como si en nuestra vida no existiera ninguna meta y ningún fin, y nosotros estuviéramos obligados a un eterno errar, sin ninguna razón para nuestras tantas fatigas. Esto no es cristiano.

Las páginas finales de la Biblianos muestran el horizonte último del camino del creyente: la Jerusalén del Cielo, la Jerusalén celestial. Esta es imaginada sobre todo como una inmensa carpa, donde Dios acogerá a todos los hombres para habitar definitivamente con ellos (Ap 21,3). Y esta es nuestra esperanza.

Y ¿Qué cosa hará Dios, cuando finalmente estaremos con Él? Usará una ternura infinita en relación a nosotros, como un padre que acoge a sus hijos que han largamente fatigado y sufrido. Profetiza Juan en el Apocalipsis, profetiza: «Esta es la morada de Dios entre los hombres […] - ¿qué cosa hará Dios? – Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó […] Yo hago nuevas todas las cosas» (21, 3-5). El Dios de la novedad.

Intenten meditar este pasaje de la Sagrada Escritura no en modo abstracto, sino después de haber leído una crónica de nuestros días, después de haber visto la televisión o la portada de un diario, donde existen tragedias, donde se reportan noticias tristes a las cuales todos corremos el riesgo de acostumbrarnos.

Y he saludado a algunos de Barcelona: cuantas noticias tristes de ahí. He saludado a algunos del Congo, y cuantas noticias tristes de allá. Y tantas otras. Sólo para nombrar dos de ustedes, que están aquí. Intenten pensar en los rostros de los niños aterrorizados por la guerra, al llanto de las madres, a los sueños rotos de tantos jóvenes, a las penurias de tantos prófugos que afrontan viajes terribles, y son explotados tantas veces… La vida lamentablemente es también esto. Algunas veces se podría decir que es sobre todo esto.

Puede ser. Pero existe un Padre que llora con nosotros; existe un Padre que llora lágrimas de infinita piedad en relación de sus hijos. Nosotros tenemos un Padre que sabe llorar, que llora con nosotros. Un Padre que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro diferente. Esta es la gran visión de la esperanza cristiana, que se dilata todos los días de nuestra existencia, y nos quiere consolar.

Dios no ha querido nuestras vidas por equivocación, obligando a Sí mismo y a nosotros a duras noches de angustia. En cambio, nos ha creado porque nos quiere felices. Es nuestro Padre, y si nosotros aquí, ahora, experimentamos una vida que no es aquella que Él ha querido para nosotros, Jesús nos garantiza que Dios mismo está obrando su rescate. Él trabaja para rescatarnos.

Nosotros creemos y sabemos que la muerte y el odio no son las últimas palabras pronunciadas en la parábola de la existencia humana. Ser cristiano implica una nueva perspectiva: una mirada llena de esperanza. Alguno cree que la vida contiene todas sus felicidades en la juventud y en el pasado, y que el vivir sea un lento decaimiento. Otros aún piensan que nuestras alegrías sean sólo ocasionales y pasajeras, y en la vida de los hombres está escrito el sin sentido.

Aquellos que ante tantas calamidades dicen: “Pero la vida no tiene sentido. Nuestro camino es sin sentido”. Pero nosotros los cristianos no creemos en esto. En cambio, creemos que en el horizonte del hombre existe un sol que ilumina por siempre. Creemos que nuestros días más bellos deben todavía llegar. Somos gente más de primavera que de otoño.

Me gustaría preguntarles, ahora –cada uno responda en su corazón, en silencio, pero responda–: ¿yo soy un hombre, una mujer, un joven, una joven, de primavera o de otoño? ¿Mi alma es de primavera o de otoño? Cada uno responda. Entrevemos los gérmenes de un mundo nuevo en vez de las hojas amarillentas sobre sus ramas. No nos quedamos en nostalgias, añoranzas y lamentos: sabemos que Dios nos quiere herederos de una promesa e incansables cultivadores de sueños.

No se olvide de esta pregunta: ¿Yo soy una persona de primavera o de otoño? De primavera, que espera la flor, que espera el fruto, que espera el sol que es Jesús; o de otoño, que está siempre con la mirada hacia abajo, amargado, y como a veces he dicho, con la cara de ajíes al vinagre, ¿no?

El cristiano sabe que el Reino de Dios, su Señoría de amor está creciendo como un gran campo de trigo, a pesar de que en medio esta la cizaña. Siempre existen problemas, existen las habladurías, existen las guerras, existen las enfermedades… existen los problemas. Pero el trigo crece, y al final el mal será eliminado.

El futuro no nos pertenece, pero sabemos que Jesucristo es la más grande gracia de la vida: es el abrazo de Dios que nos espera al final, pero que ya desde ahora nos acompaña y nos consuela en el camino. Él nos conduce a la gran “morada” de Dios entre los hombres (Cfr. Ap. 21,3), con tantos otros hermanos y hermanas, y llevaremos a Dios el recuerdo de los días vividos aquí abajo. Y será bello descubrir en ese instante que nada ha sido perdido, nada, ni siquiera una lágrima: nada ha sido perdido; ninguna sonrisa, ni ninguna lágrima.

Por cuanto nuestra vida haya sido larga, nos parecerá de haber vivido en un momento. Y que la creación no se ha quedado en el sexto día del Génesis, la creación no ha terminado el sexto día, sino ha proseguido incansablemente, porque Dios siempre se ha preocupado por nosotros. Hasta el día en el que todo se cumplirá, la mañana en la cual se terminaran las lágrimas, el instante mismo en el cual Dios pronunciará su última palabra de bendición: «Yo hago nuevas todas las cosas» (v. 5). Si, nuestro Padre es el Dios de la novedad y el Dios de las sorpresas. Y aquel día nosotros seremos verdaderamente felices, y ¿lloraremos?, sí, pero lloraremos de alegría. Gracias.